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Mahou Cinco Estrellas Session IPA y una de bravas, el «aperi» más Cervecista

¿A quien no le parece un planazo disfrutar de una Mahou Cinco Estrellas Session IPA con unas patatas bravas? Es una de las propuestas más solicitadas entre amigos o cuando se sale a tomar el aperitivo.

Las bravas son la tapa estrella preferida entre los madrileños, como la Mahou Cinco Estrellas, que esta vez aparece en su versión ale, con todo el sabor de la Cinco Estrellas, pero con los matices que caracterizan a las IPA más bebibles. Elaborada junto a los maestros cerveceros de Founders, es una cerveza lupulada y con intensos aromas, donde destacan los toques a frutas de hueso y cítricos. 

Sin embargo, no es una costumbre exclusiva de la capital. Es bastante frecuente y se extiende prácticamente por todo el litoral mediterráneo, porque las bravas en general gustan mucho y se piden casi siempre para picar.

Bravas, picantes VS suaves

Lo mismo que con la tortilla de patatas (con o sin cebolla) ocurre con las patatas bravas. Atiende a los defensores del regusto picante, incluso hasta rabiar, pero hay opciones para los menos atrevidos, que prefieren no jugársela y disfrutar de las bravas más suaves con la salsa de tomate en su gusto sin sorpresas.

De una forma u otra, la salsa brava es potente. Con cierto regusto ácido. En su propio ADN incluye esos toques más o menos intensos que conjugan a la perfección con la cerveza. Las características de Mahou Cinco Estrellas Session IPA, muy bebible y de amargor medio, se equilibran con los toques picantes o ligeramente intensos de esta tapa tan popular de las mesas y las barras de nuestros bares.

Inevitablemente hay que mencionar que asimismo surgen ciertas discrepancias en cuanto a sus ingredientes. Por un lado están los que abogan por el tomate, y los que nunca lo incluyen, argumentando que el color ligeramente anaranjado tirando a rojizo se debe a la presencia del pimentón.

Las patatas bravas y su procedencia… más debate

Sin desmerecer ninguna otra procedencia o posible origen, la receta de las bravas, casi con seguridad, cobró todo su esplendor en el Madrid de los años 60, como el lanzamiento de la gama Cinco Estrellas de Mahou.

Lo que no se sabe con toda certeza es si el pionero de la tapa fue Casa Pellico, situado en la Calle Toledo, o La Casona de la madrileña calle Echegaray. Dos bares ya desaparecidos, que por desgracia no nos pueden mostrar el secreto de sus bravas, pero donde se dice que salieron estas patatas. A esta fórmula pionera le añadían un poco de caldo de cocido, que es también muy propio de la capital.

Otras zonas como Barcelona, cuando empezaron a servirlas, le dieron una vuelta de tuerca añadiendo a la salsa brava el alioli, más popular en su zona. Esto no ha dejado de generar debate, en torno a los que argumentan que las verdaderas bravas son sin la salsa blanca, que aunque deliciosa, no va con las bravas. 

Las auténticas bravas ¿Cómo se preparan?

En todo caso para hablar de unas verdaderas patatas bravas, eliminemos la opción del kétchup. En muchos sitios se lo ponen y las siguen denominando “bravas”, pero estas patatas no se merecen esta denominación. 

La receta es bastante sencilla. Como en cualquier otra, la materia prima y su preparación es determinante. Se cortan las patatas en dados, se fríen y se prepara la salsa, que sin duda es la clave para el éxito de esta receta.

Si nos decantamos por la auténtica salsa brava original sin tomate, se tendrá a mano:

  • Aceite
  • Harina para espesar
  • Pimentón picante
  • Agua
  • Toque de vinagre y sal. 


Si por el contrario, creemos que el pimentón no es suficiente para lograr ese aspecto rojizo, a este listado añadiremos un par de tomates naturales previamente triturados. También, para quienes les gusten las sensaciones fuertes, con media cayena, se logrará extra de picante. Esto ya va en gustos.

Se servirán calientes con la salsa por encima; por supuesto para compartir, no cabe duda, que mejor con amigos o familiares y Mahou Cinco Estrellas Session IPA, que tiene un aroma fresco e intenso procedente de los lúpulos.

Además, por su amargor moderado y la carbonatación, la convierten en una cerveza versátil que se puede disfrutar en cualquier momento. Es por eso que marida con comidas de toque fuerte, como los platos picantes, donde por supuesto se incluyen uno de los mejores ejemplares de nuestra gastronomía, las populares bravas.

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