El lúpulo, un ingrediente muy Cervecista. El cultivo (II)

El lúpulo, un ingrediente muy Cervecista. El cultivo (II)

Hace 3 semanas

No cabe duda que el lúpulo es un ingrediente esencial en la cerveza. Esta vez hablaremos de su cultivo y de qué parte de la planta se destina a la elaboración de la cerveza.

Aunque en otras ocasiones hablamos del origen del lúpulo, de sus distintas clasificaciones y de algunas de sus variedades, en este apartado nos vamos a detener en cómo y dónde se cultiva esta planta que tantos matices aporta a la cerveza.

En primer lugar, la parte que se emplea para la fabricación de la cerveza son los conos o piñas, es decir, las flores de las plantas femeninas del lúpulo antes de ser fecundadas.

Contienen un polvo de color amarillo, la lupulina, que incluye los componentes que luego proporcionarán el amargor característico a la cerveza, así como los aceites esenciales que serán responsables de los aromas.

Aunque el lúpulo se cultiva en más de cincuenta países, los principales productores de lúpulo son por un lado Estados Unidos, que domina la exportación desde hace muchos años, y Alemania, representando ambos países el 50% de la producción total.

Estados Unidos es el mayor productor de lúpulos aromáticos, que actualmente gozan de una gran popularidad ya que son los que más se utilizan en las cervezas IPA, tan de moda hoy en día.

Les siguen países como China y la República Checa, y España representa nada menos que 1% de esta aportación productora.

El epicentro de este ingrediente esencial de la cerveza en nuestro país se encuentra fundamentalmente en la comarca leonesa de la Ribera del Órbigo, cerca de ‘Carrizo de la Ribera’, que con apenas 2.400 habitantes se ganó el título de capital española del lúpulo por excelencia.

El lúpulo es una planta trepadora de la familia de las Cannabaceae que puede alcanzar hasta los ocho metros de altura.

Sus flores femeninas, de color verde claro, son las que se emplean en la cerveza.

En el mes de septiembre se realiza la recolección de estas flores.

A continuación las flores se procesan simplemente realizando un secado y prensado, un pelletizado o una extracción de la lupulina, para facilitar su conservación y distribución.